Cuando la ley se vuelve matemática y la democracia el fin de la carrera
Como parte de ese ejercicio cada vez más común en el país, la polarización de ideas se instala esta vez en el proceso electoral. Las inminentes salidas de Julio Guzmán y César Acuña han animado (aunque varias veces más como tómbola que como debate de ideas) una discusión pública entre los irrestrictos defensores de la ley y los asustados contrincantes políticos, y los adalides de la democracia y algunos pocos no asustados contrincantes políticos.
Como en toda dicotomía vinculada a opiniones, sentimientos e interpretación, la pérdida de perspectiva crítica y el “atrincheramiento” dogmático la hace falsa, inútil. Se empieza a instalar la idea que quienes están a favor de una posición están, entonces, en contra de la otra. Nada más absurdo.
El argumento principal de quienes sostienen que Guzmán y Acuña deben irse es fundamentalmente legal. El derecho se disfraza de ciencia exacta y construye algoritmos con los que intenta hallar soluciones, como si el problema estuviese únicamente en el orden interno de las cosas. De esta forma, la ley fortalece su idea de ser la principal y mejor ordenadora de la vida social. Por ello, sin importar el tipo de norma, la calidad de la norma, su vínculo con el “mundo de afuera” o las consecuencias de su aplicación o no en la vida cotidiana, la ley es la ley. Entonces las preguntas por la relación entre la legalidad y la justicia o la legalidad y la cultura desaparecen ante la única pregunta válida: la relación entre la legalidad y la legalidad.
El argumento principal de quienes sostienen que Guzmán y Acuña deben quedarse es fundamentalmente político. El derecho se disfraza de ciencia política y construye deducciones con las que intenta hallar soluciones, como si el problema estuviese únicamente en la explicación universal de lo particular. De esta forma, la ley fortalece su idea de ser el principal y mejor medio para alcanzar objetivos superiores. Por ello, sin importar el valor de la ley en la modelación de la convivencia, en la igualdad que genera para una mejor convivencia, la ley es el medio. Entonces las preguntas por qué sucede con la democracia cuando no hay elecciones o qué es democracia más allá de los partidos desaparecen ante la única pregunta válida: la relación entre la democracia y la meta.
Observar lo que sucede más allá de lo inmediato, someter el dogma a una exhaustiva perspectiva crítica, abandonar la idea que una disciplina lo puede explicar todo, lo puede entender todo no es fácil, pero es necesario. La construcción de la realidad social no es se hace a partir de procedimientos o, peor aún, se construye (mal) sobre la base de procedimientos. Nancy Fraser decía con razón que le haría muy bien a la sociedad quitarle, al menos un poco, la venda de los ojos a la justicia para que sea más justa.
Yo por lo pronto, creo que ambos candidatos debieran continuar. Acuña debe saber que no será presidente porque los peruanos no queremos a un copión compulsivo y desfachatado. Guzmán debe saber que corre el riesgo de no ser presidente por no respetar los procesos o, si es que se prueba, porque falsificó documentos.